El resurgimiento de Eurasia lidera la transición a un nuevo mapa de poder mundial

Revista Estudios Avanzados 38, junio 2023: 83-100. DOI ISSN 0718-5014

 

El resurgimiento de Eurasia lidera la transición a un nuevo mapa de poder mundial*

Eurasian Resurgence Leads Transition to a New World Power Map

 

Martín Alejandro Martinelli[1]

 

Resumen

El resurgimiento de Eurasia modifica el escenario y grafica la transición hacia un nuevo mapa de poder mundial. Ejemplo de ello es la Nueva Ruta de la Seda. Esto se desenvuelve en consonancia con el declive hegemónico estadounidense a largo plazo y la crisis de Europa; en esa competencia surgen debates sobre si se trata de potencias imperialistas o no. Tales planteamientos servirán para poder precisar algunas cuestiones respecto de la inserción en esta nueva coyuntura de nuestra región de Sudamérica y el Medio Oriente. La dinámica de competencia hegemónica repercute en los cambios a nivel mundial, mientras la gran crisis sistémica actual se observa en una guerra híbrida, marcada por un desplazamiento geopolítico y una transición respecto de las placas tectónicas. La reconfiguración del mapa de poder mundial, entre un mundo unipolar y otro multipolar, no exento de conflictividad, genera a nuestra región una posibilidad de realinearse.

Palabras clave: Geopolítica, Geoeconomía, Nueva Ruta de la Seda, Crisis Sistémica, Hegemonía.

 

Abstract

The resurgence of Eurasia modifies the scenario and graphs the transition towards a new map of world power. An example of this is the New Silk Road. This unfolds in line with the long-term decline of US hegemonic power and the crisis in Europe. In this competition, debates arise when analyzing whether they are imperialist powers or not. These statements will help us to clarify some issues regarding the insertion in this new situation of our South American and Middle East region. The dynamics of hegemonic competition have an impact on changes worldwide, and the current great systemic crisis is observed in a hybrid war and is marked by geopolitical displacement and a transition concerning tectonic plates. The reconfiguration of the world power map, between a unipolar world and a multipolar one, not exempt from conflict, creates a possibility for our region to realign itself.

 

Keywords: Geopolitics, Geoeconomics, New Silk Road, Systemic Crisis, Hegemony.

 

 

Introducción

 

Analizaremos desde una perspectiva de nuestra región de América Latina cómo se pergeña un nuevo mapa de poder mundial. Entre los aspectos que abordaremos se encuentra el resurgimiento de Eurasia, encabezado por una asociación estratégica liderada por China y Rusia, que también incluye a la India e involucra en diferentes niveles a potencias de segundo orden como Turquía, Irán o Arabia Saudita.

Las potencias manufactureras o con yacimientos de materias primas neurálgicas están aumentando su nivel de asociación y por ende un fortalecimiento regional frente a las demás potencias y organizaciones como la denominada tríada (Prashad, 2023): Estados Unidos, Europa occidental y Japón. Tal situación gravita en una crisis sistémica, la cual gira en torno a un rediseño de las estructuras de poder mundial, cuyo nuevo orden multipolar desafía los parámetros de otro de carácter más unipolar.

La encrucijada histórica y geográfica actual asume como principales escenarios el ascenso de Eurasia y un declive relativo euroamericano. Al mismo tiempo, aumenta la desigualdad a nivel mundial. Por lo tanto, diferentes doctrinas y posturas se plantean en la disputa del poder hegemónico, cuyos principales poderes se erigen en la República Popular China y Estados Unidos con un rol diferente respecto de su incidencia mundial.

En las últimas tres décadas, la potencia norteamericana viene ejerciendo un papel de liderazgo más intervencionista en las políticas de los países, con una serie de intervenciones militares en la región denominada “Medio Oriente ampliado”, desde Afganistán a Libia. Mientras que China ejerce otro tipo de intervención en el aspecto de mayor dependencia geoeconómica desde la instauración de la Nueva Ruta de la Seda en 2013 (Zhang, 2018), a una intermediación en el conflicto saudí-iraní para su resolución.

 En el presente año 2023 se cumplen dos siglos de la doctrina Monroe de 1823 —“América para los estadounidenses”—, esto es para América Latina (Nuestramérica). Por diferentes motivos, casi coincide en el tiempo con los procesos emancipatorios de la misma región. Entretanto, se desplegó la maquinaria militar más grande creada y aumentada por dicha potencia desde 1945. En los últimos treinta años, posterior a la implosión soviética, el país norteamericano ha pretendido ejercer una unipolaridad, el Proyecto del Nuevo Siglo Americano (PNAC en inglés). Entre esos dos ejes, el de la unipolaridad y el de la multipolaridad se encuentra el nuevo mapa mundial que por ende modifica la situación de nuestra región y el Medio Oriente.

Nuestra metodología consistirá en analizar el paradigma de la competencia entre Estados Unidos y China, con sus diferentes modelos y proyectos de asociación. Además, evaluaremos si se trata de potencias imperialistas. Esto está contextualizado por una crisis sistémica, de transición a un mundo donde Eurasia resurge como forma de análisis, y de un protagonismo mayor de los océanos Índico y Pacífico. La disputa varía según las áreas estratégicas y cercanía a las potencias en cuestión. Para ello, del plano general nos acercaremos a situaciones específicas como Argentina e Irán.

 

El resurgimiento de Eurasia

La Revolución de 1917 es un parteaguas, un evento que incidió y modificó el escenario de todo el siglo XX. Treinta y dos años después, en 1949, estalló la Revolución China, ambos intentos de establecer, con el correr de los años, impulsos de tipos socialistas o comunistas. Al mismo tiempo, industrializaron sociedades de cuantía demográfica y territorial. Por el poder simbólico que irradiaron, también impulsaron de alguna manera a una modificación en los países capitalistas e imperialistas para mostrar un modo de producción capitalista “con rostro más humano”, brindando algunos beneficios a los trabajadores.

Después de 1945, el equilibrio de poder en el mundo ha mutado en varios sentidos. Ello se refleja en los cambios en las líneas de las fronteras estatales que trajo la descolonización de Asia y África, siendo uno de los procesos más gravitantes de los últimos cien años (Arrighi, 2007: 1). Mientras, a finales del siglo XX se produjo la descomposición, más o menos inducida según el caso, de la Unión Soviética, Yugoslavia, o la separación y vuelta a unirse de Alemania, por dar algunos ejemplos. En el caso del gigante asiático se gestaría la base que posteriormente deparará en el crecimiento chino hacia su interior, con un alcance a niveles de una de las mayores potencias del siglo XXI. Como explica la historiadora china Lin Chun:

¿Qué es China? ¿Qué significa zhongguo o el “Reino Medio”? […] la (auto) identidad de China es intrínsecamente plural y siempre está en movimiento. Esto es especialmente cierto en lo que toca a su historia más reciente, una historia de experiencias revolucionarias y de desarrollo enormemente complejas que ha vivido un pueblo multiétnico, multirregional y multifacético, y que ha transformado a una de las civilizaciones o Estados más antiguos y de mayores dimensiones del mundo. (Lin, 2015: 15)

Este país, de dimensiones continentales en diversos aspectos, no se ajusta a los parámetros habituales de Imperio o Estado-nación por sus características, y ha ido ampliando su esfera de influencia, incorporando integrantes en las diferentes organizaciones. Tal carácter regional adquiere un matiz planetario, como el BRICS+: Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica (y otros a incorporarse) o la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS): China, Rusia, Kazajistán, Kirguistán, Tayikistán, Pakistán, India e Irán.

Dicho fenómeno, en pleno desenvolvimiento, lleva ya varias décadas, aunque no es algo novedoso en la historia china. La región de China y la India han sido potencias geoeconómicas (Madison, 2004) hasta la irrupción de industrial europea y el debilitamiento a partir (entre otras causas) de las invasiones por las guerras del opio iniciadas en 1839, propiciadas por Inglaterra; la segunda, donde se implicó Francia desde 1856, y otra por el imperio del Japón en 1931, en el caso chino. Mientras que India —más los actuales Pakistán, Birmania y Bangladesh— sufrieron la colonización británica durante casi un siglo, desde 1858-1947.

Asia oriental es una región preponderante para en la economía mundial durante más de dos mil años, hasta el siglo XVI, XVII o incluso el XVIII. A finales de la Segunda Guerra Mundial, China se transformó en el país más pobre del mundo, Japón fue ocupado militarmente y los países de la región luchaban contra el dominio colonial o estaban afectados por la Guerra Fría (Arrighi, 2007: 14). Aunque esa historia no explica la situación actual, ello responde a las transformaciones sociales del último siglo, más allá de la concepción china y de su planificación a largo plazo (Martinelli, 2022a).

China mantuvo una tradición no expansionista. Se diferencia de los grandes Estados europeos, por no colonizar; de un Japón previo a la Segunda Guerra Mundial, sin guerrear contra sus vecinos; de los Estados Unidos, por no detentar bases militares en todo el mundo ni enviar su ejército; o de la Unión Soviética, por no ejecutar una carrera armamentista con la otra “superpotencia” mundial, ni instaurar gobiernos afines en países cercanos (Schweickart, 2011 citado en Lin, 2015).

China atravesó dos etapas distintas y está entrando en una tercera. Entre 1977 y 1995, inicia una ruptura manifestada en frases tales como “reforma y apertura”, “economía socialista de mercado” y “construir un socialismo altamente civilizado, altamente democrático”. O sea, implementar mecanismos de mercado, capacidades de gestión y tecnología del mundo capitalista para sus propios propósitos socialistas (Lin, 2009).

El capitalismo allí está presente pero no somete a todos los factores de la economía. La nueva clase burguesa no controla el aparato estatal. Sin embargo, la transición socialista se debilitó y predomina un status intermedio. A diferencia de Europa oriental y Rusia transitaron directo hacia el capitalismo hace tres décadas. En China coexisten sistemas en transición (Katz, 2021b); sin embargo, la particularidad es cómo durante ese lapso asciende el nivel de vida para la mayoría china al sacar de la pobreza a 400 millones de personas, financiado por el Estado con una amplia participación desde abajo (Lin, 2009).

China genera debates en torno a que si su sociedad encarna el capitalismo y/o socialismo o comunismo, por varios motivos: su autopercepción de un socialismo con características chinas, la dirección del Partido Comunista Chino —el más populoso del mundo, con más de 90 millones de partidarios y cien años de existencia— (Guigue, 2018), mientras una parte de la economía china, en sectores estratégicos está en manos estatales como la energía. Las posiciones al respecto varían: entre Au Loong Yu (2010), para quien es un capitalismo burocrático diferenciado, y Lin Chun (2009, 2015), quien se opone al decir que es una restauración capitalista inconclusa dado que infiere la importancia de las luchas sociales al interior de ese país, cuyo legado socialista mantiene cierta influencia.

La expansión inédita China es un caso de desarrollo desigual y combinado. El modelo se erige sobre las bases de un país socialista,[2] al que agrega un complemento mercantil y la implementación de medidas capitalistas que se retroalimentaron con el proceso de la globalización. Aunque con una retención local del excedente durante un período, la falta de neoliberalismo y financiarización en China se contrapuso a la incidencia del capitalismo que generó sobreinversión y excedentes a descargar en el exterior (Katz, 2021a), visto en parte de la Nueva Ruta de la Seda (Figura 1).

 

Figura 1. Mapa la Nueva Ruta de la Seda, año 2015

Figure 1. Map of the New Silk Road, year 2015

Fuene/source: https://www.merics.org/en/tracker/mapping-belt-and-road-initiative-where-we-stand

 

La reposesión de Hong Kong en el año 1997 y Macao en 1999 como “regiones administrativas especiales” contextualizó en China una transformación sustancial del mercado mundial desde alrededor del año 2000; antes su impacto era en términos de venta de bienes, pero no de préstamo de dinero a países para el desarrollo. David Harvey (2022) no lo considera imperialismo, pero sí un proceso dentro del modo de producción capitalista, de la producción y ajuste del espacio. Por lo tanto, la política exterior china se amplió en lo geoeconómico y lo geopolítico a nivel mundial y eso acarrea nuevas situaciones con los países de distinto nivel de perjuicio o beneficio.

China y la URSS se diferencian en tanto el primero parte de una situación más periférica a mediados del siglo XX, con una gran tasa de analfabetismo, baja esperanza de vida de 44 años y la mitad del producto bruto de África. O sea, son ocho décadas de crecimiento a altas tasas, con un mayor ascenso en los últimos cuatro decenios, y un posicionamiento como potencia en los recientes dos. Partir de ese nivel periférico junto con su órbita de influencia —con la que también tiene roces por cuestiones limítrofes—, demuestra el resurgimiento de Eurasia visto en la infraestructura que la atraviesa.

A diferencia de los anteriores casos donde un competidor copia la tecnología del otro en la industrialización (como Francia y Alemania de Inglaterra), China posee la mayoría de las ventajas de generar su desarrollo acoplado al de su actual competidor. China no vuelve a un lugar en la historia mítico que le correspondería, como un destino manifiesto, sino que se trata de los desarrollos de tres cuartos de siglo, los cuales la reposicionan, en un hecho inédito, de la periferia al centro.

Prosiguió con una acumulación y retención del excedente y un crecimiento de más del 10% anual, lo cual requirió, hace una década, de un vuelco hacia el exterior junto con su sobreproducción. Se ejemplifica en el caso de la producción del cemento, mucho mayor a la de Estados Unidos en parte de su historia. Tal crecimiento endógeno, por las características de su población y el mayor desarrollo de la zona costera, se intenta plasmar hacia el interior de China, así como también a los demás países de la región, para consolidar la idea de Eurasia.

No obstante, expande su geoeconomía a las demás regiones como América Latina y África (política de los tres anillos). Por ahora no envía tropas o mantiene bases militares diseminadas por esas regiones (solo Yibouti en el cuerno de África). Mas su propagación genera disputas de poder mundial y en cada región en particular. La asociación estratégica entre Rusia y China trata de ser frenada mediante una guerra híbrida que también intenta bloquear las conexiones de las rutas de la seda. Es la mayor reorganización espacio temporal de Eurasia desde Genghis Khan (Martinelli, 2023).

 

La integración euroasiática y América Latina

La inminente incorporación de Argentina e Irán a los BRICS+ demuestra un acercamiento geoestratégico, geoeconómico y geopolítico. Implica la conformación de una faja de cuatro continentes que excluye la tríada: Europa occidental, Japón y Estados Unidos. Entre los siete países totalizarían 3.336 millones de personas, casi la mitad del mundo.

Una alianza de tal magnitud refleja que los desplazamientos geoeconómicos y tectónicos implican un rebalanceo hegemónico del sistema capitalista. Aumentaron desde la crisis capitalista del 2008, luego con el anuncio de la BRI de 2013. Se les adiciona el tratado entre Irán y China, su incorporación a la OCS o la integración de Argentina a la Nueva Ruta de la Seda (NRS). Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, a los cuales tanto Irán como Argentina han pedido sumarse, es algo que corrobora un panorama en constante transformación.

Una cuestión central es la asiatización de la economía. Si bien es un desarrollo progresivo, en este último período se ha acentuado y acelerado la reconfiguración del orden mundial y del tablero geopolítico. Contemporáneos al momento unipolar, comienza la asociación de los cinco de Shanghái, China, Rusia y tres repúblicas exsoviéticas: Kazajstán, Kirguistán y Tayikistán. Es así que la OCS reúne a cuatro potencias nucleares (la mitad de los Estados nucleares del mundo): China, Rusia, India y Pakistán (Figura 2).

 

Figura 2. Mapa de la Organización de Cooperación de Shangái

Figure 2. Shangai Cooperation Organization map

Fuente/sourc: https://es.wikipedia.org/wiki/Organizaci%C3%B3n_de_Cooperaci%C3%B3n_de_Shangh%C3%A1i

 

Los Estados miembros de la OCS representan aproximadamente una cuarta parte del PIB mundial y alrededor del 44% de la población mundial. Ocupan 60% de Eurasia y un cuarto de la extensión territorial del mundo. Por ejemplo, Pakistán, con 230 millones de habitantes, está sumergido en una crisis sociopolítica y económica, y se acerca cada vez más a China y Rusia, y la OCS. Así se aleja de la órbita de Washington a la que estuvo sometido durante largo tiempo. Asimismo, adquiere relevancia por ser uno de los corredores económicos de la NRS; se conecta la zona de China, la región autónoma y menos poblada de Xinjiang entre otras, en la estrategia del gigante asiático de expandirse sobre todo su territorio.

En un primer momento y desde esa zona del oeste llega hasta el puerto de Gwadar, para de esa manera evitar llevar sus mercancías, así como recibir materias primas utilizando el estrecho de Malaca (Martinelli, 2022a). Un lugar neurálgico que Estados Unidos podría bloquear marítimamente (su marina está desplegada a través del mundo), en caso de que hubiese una confrontación más acentuada con China. Una región, en la que, junto con Afganistán e Irán, e incluso con la India, asciende en su jerarquía geoestratégica en la cercanía con Medio Oriente y las potencias productoras de petróleo o el caso del tránsito de hidrocarburos como es el caso del estrecho de Ormuz.

El declive hegemónico estadounidense no es a corto plazo, sino que lleva varias décadas. Algo evidente en el porcentaje de productos manufacturados del mundo que en setenta años descendió de la mitad al entre 18 y 19%. No obstante, desplegar menor poder (Monereo, 2022) no significa una caída precipitada y no implica dejar de ser la potencia hegemónica. Varias aristas así lo demuestran, sobre todo en lo político-militar, más allá del empantanamiento en Asia (Red Roja, 2016).

Uno de los ejes que demuestra la mayor consolidación del eje sino-ruso es la OCS. Es el mayor bloque regional del mundo, abarca casi la mitad de la población mundial y más del 30% del PIB global. La conforman Rusia, China, la India, Pakistán, Kirguistán, Uzbekistán, Tayikistán y Kazajstán, a los cuales se sumarán Irán y Bielorrusia. El grupo se complementa con el BRICS+, a los cuales se les adherirán inminentemente Argentina e Irán.

Dichos organismos se integran con otros como la Asociación Económica Integral Regional (RCEP en sus siglas en inglés, liderada por el gigante asiático) y otros países como Australia, Indonesia, Corea del Sur, Vietnam o Japón. Estos grupos consolidan una relación geográfica de asociación que los fortalece frente a las sanciones unilaterales de tipo económico, como las impulsadas contra Irán, Rusia o Venezuela, o las retenciones de las reservas en oro de varios países como Afganistán o Rusia.

 

Argentina e Irán y su incorporación a los BRICS+

Las naciones del BRICS+ en su conjunto representan el 22% de la superficie continental, el 42% de la población mundial, el 24% del Producto Bruto Interno (PBI) global y contribuyen con el 16% de las exportaciones y el 15% de las importaciones mundiales de bienes y servicios. La inminente incorporación de Argentina e Irán a los BRICS+ implica una nueva pieza del rompecabezas geoestratégico, geoeconómico y geopolítico. Las relaciones tanto culturales, económicas e incluso en tecnología, incluyendo la energía nuclear, serán favorecidas por sus incorporaciones en este proyecto multipolar. En estas nuevas dinámicas globales, Irán es también miembro de la Organización para la Cooperación de Shanghái (firmó un tratado de 25 años con China en 2021) y Argentina de la Ruta de la Seda.

La candidatura de Irán y la aceptación del ingreso de Argentina a los BRICS+ (2009-continúa), se gestan en la transición hacia un orden mundial multipolar. Los cambios hegemónicos desobedecen más que nada la demonización de la cultura y la política iraní, víctima de los estereotipos generados sobre un país y sobre la región. Ello se manifiesta en al menos dos aspectos: en el control sobre el plan nuclear iraní y en las “sanciones económicas” consideradas ilegales según el derecho internacional que lo condicionan.

Argentina e Irán, tanto en la cooperación sur-sur como en el peso específico que adquieren al ser considerados subpotencias (así como otros países con esa condición) contribuyen a la nueva configuración del escenario global. Una política sostenida en un belicismo estructural frente a un despliegue geoeconómico.

A estos efectos el pacto y el desarrollo nuclear de Irán cobra gran importancia. Junto con el país sudamericano pueden acercarse a través del marco de los BRICS+. A eso se le suman los nuevos organismos multilaterales que vendrían a socavar el poder hegemónico de aquellos entes internacionales fomentados desde y por Estados Unidos desde el final de la Segunda Guerra Mundial y Bretton Woods, como el FMI, Banco Mundial y la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN 1949-continúa).

 

Consideraciones sobre Estados Unidos, China y el imperialismo

La historia anterior a estos siglos de desarrollo del capitalismo industrial desde 1760 y mercantil hace cinco siglos, muestra un ascenso en diferentes lugares de Europa de los ciclos sistémicos de acumulación de Génova, Holanda, Reino Unido, Estados Unidos —un hegemón relativamente reciente a nivel histórico— que ahora se estaría trasladando a China (Arrighi, 2007). La centralidad a nivel mundial de Europa o Estados Unidos, el llamado occidente, varía según las posturas entre dos a cinco siglos.

Las fases de la expansión capitalista no se definen por la potencia que desenvuelve su hegemonía (la hegemonía británica o la hegemonía estadounidense). La hegemonía resulta relativa y provisoria. Es preferible interpretar los parámetros que precisan las pretensiones a la hegemonía más que a su ejercicio y a las estrategias de los aspirantes a tal supremacía (Amin, 2004).

EEUU desde 1798 hasta la actualidad ha participado en cerca de 400 intervenciones militares alrededor del mundo y eso se ha incrementado en las últimas tres décadas donde ha llegado hasta cien, con una diversidad de alcance e intensidad de las mismas que se ha extendido por casi todo el mundo. Ello denota sus políticas belicistas, articuladas con el capitalismo. Explica la pretensión en el liderazgo de un imperialismo dominante y colectivo, donde dirige a Japón o Alemania, o demuestra su poderío bélico o de sanciones, hasta en el caso de Rusia. O sea que el despliegue de las flotas funciona demostración de su poder, usado incluso con quienes fueron sus aliados hasta poco tiempo atrás, como en los casos de Iraq, Irán o Afganistán (Martinelli, 2022b).

La OTAN surgió, más bien se consolidó, en un contexto de carrera armamentística, espacial y nuclear, e ideológica, con sus oponentes: la Unión Soviética y sus aliados. En 1999, la OTAN (sobreviviente a su opuesto Pacto de Varsovia, de 1955-1991) destruye y disecciona Yugoslavia convirtiéndola en seis países: Bosnia y Herzegovina, Croacia, Montenegro, Macedonia del Norte, Serbia y Eslovenia (más Kosovo). Como las guerras mundiales, parte de la Guerra Fría, o la crisis Ucrania-Rusia-OTAN, ocurrida en la propia Europa, devienen una “balcanización”; incluso ahora se habla de yugoslavización (Armanian, 2022), el “divide y reinarás”.

Durante ese cambio de siglo, en 2001 emerge la OCS, la alianza China-Rusia (y con el acople de Irán), temida por el país anglosajón según advirtió un geoestratega estadounidense:

 El escenario potencialmente más peligroso sería el de una gran coalición entre China, Rusia y quizás Irán, una coalición “antihegemónica” unida no por una ideología sino por agravios complementarios. Recordaría, por su escala y por su alcance, a la amenaza que planteó, en determinado momento, el bloque sino-soviético, aunque esta vez China sería probablemente el líder y Rusia el seguidor. Evitar esta contingencia, por más remota que pueda ser, requerirá un despliegue simultáneo de habilidad estratégica estadounidense en los perímetros occidental, oriental y sur de Eurasia. (Brzezinksi: 2016, 63)

Seis meses después invaden, en una pretensión de recolonizar la región: llegar a esas potencias en Afganistán en 2001, nuevamente Iraq (en 1991, ahora 2003) y rodear a Irán. Los dos primeros sufren cuatro décadas de guerras casi ininterrumpidas de variada índole, en el corazón de Eurasia (el Heartland) (Mackinder, 2010).

Esta organización militar, actualmente, está en expansión (30 países) bajo las prerrogativas de la anglósfera. En la expansión de la OTAN y de cercamiento a Irán, China y Rusia, ingresan en: 2002, Lituania, Letonia y Estonia, hasta 1991 integrantes de la URSS; en 2004, Rumania, Bulgaria, Eslovaquia y Eslovenia; en 2009, Albania y Croacia; en 2017, Montenegro; en 2020, Macedonia del Norte y en 2023, Finlandia. De los 30 países de la OTAN, 14 son países de la ex URSS. Esto se realizó incumpliendo las promesas de Estados Unidos de no expandir la OTAN más allá de Alemania Oriental. A estos se suman los aliados más directos como Japón, Canadá, Australia, Corea del Sur, Israel, entre otros (Figura 3).

 

Figura 3. Expansión de la OTAN hacia el este

Figure 3. NATO expantion to the east

Fuente/source:https://vaventura.com/divulgacion/geopolitica/la-dimension-geopolitica-la-crisis-ucrania

 

La noción de imperialismo difiere de la de imperio, y, por lo tanto, no podemos adjudicarlo a un país expansivo o que disputa sus fronteras, ya que existen más conflictos fronterizos que en países imperialistas, como fue Brasil en su conformación hace dos siglos. Ese caso, si puede denominarse como imperio, más discutible es llamarlo imperialismo, dado que, entre otros aspectos, no lo hizo fuera de su región y no tiene una lógica de dominio mundial.

El sociólogo ucraniano Ischenko (2022) considera imperialismo usar el poder y la fuerza, incluida la invasión y la fuerza militar, para obtener recursos económicos. Eso es crucial para el uso de tal noción, pero debe ampliarse y matizarse. Existe una serie de salvedades y diferenciaciones en el carácter actual del neoimperialismo (Martinelli, 2022a) ya que usar el concepto indefinidamente no aclara el escenario actual. Sí es claro que una condición central es ser un país capitalista, pero no la única.

El nuevo imperialismo se resume en los monopolios de producción y circulación, del capital financiero, del dólar estadounidense y la propiedad intelectual, y de la alianza oligárquica internacional que facilita la base económica para la política monetaria y las amenazas bélicas que la sostienen, siendo este último punto la esencia económica y la tendencia general (Enfu y Baolin, 2021). El imperialismo es una política de dominación desplegada por los poderosos del planeta a través de sus Estados.

Debemos diferenciar entre ser una potencia nuclear o a nivel del ejército, o una potencia económica capitalista o con rasgos capitalistas, de ser un país imperialista. Ya sea por tener resabios de esa política fuera de sus fronteras, es decir Francia y Reino Unido que son alterimperialistas (Katz, 2021a), porque se alían con Estados Unidos en la OTAN, más allá de algunas discrepancias, y se incorporan a la estructura imperialista.

Estados Unidos construyó diferentes enemigos a lo largo de su historia (Martinelli, 2020). Ya se preocupaba por el ascenso chino, sus condiciones militares y cómo ese crecimiento sería distinto al anterior de un Japón que pudo frenar (Arrighi, 2007). Se muestra como potencia agresora, tanto por los círculos de contención que busca incrementar al organizar el AUKUS (Figura 4) junto con Australia, Reino Unido y el QUAD, el cuadrilátero, liderando a Japón, Corea del Sur e India, para incentivar a sus aliados de la región a presionar la injerencia china hacia el Índico en lo que se denomina el Collar de Perlas. Otros lugares de tensión son el mar Meridional de la China (su zona de influencia inmediata) y sobre todo la cuestión de Taiwán, considerada por el gigante asiático como parte de su territorio: la política de “Una sola China”.

 

Figura 4. Mapa del AUKUS

Figure 4. AUKUS map